Tuesday, August 29, 2006

ADVERTENCIA: Lo escrito a continuación es reflejo de un momento nostálgico, producto de un aburrimiento momentáneo. Cínicos, abstenerse. Melosos, adelante:

Me siento rara. No es que me esté llegando la pubertad, ni nada por el estilo. Es una extraña sensación la que siento. Mejor dicho, es una mezcla. Desconozco el contenido de la mezcla, pero sí estoy segura de que está compuesta de varios ingredientes. Hasta el momento, el único que pude identificar es el de sensación de hambre (donde está la chica de las empanadas????), pero ese es el más fácil de deducir. Se me complica darme cuenta de los otros, esos que empiezan a molestar todavía más ahora que está sonando Yellow. Pero, en lo profundo de mi inconsciente, sé perfectamente de qué se trata. Es algo que yo resumo como "vértigo". Nunca antes había sentido ésto, hasta este año, este año atípico, tan distinto a todos los demás. Este año en el que tuve q hacerme responsable a la fuerza, cumplir con 8 horas de jornada laboral, fichar, calcular impuestos, tener jefa... y todo eso tan extraño! Y yo, que nunca me imaginé a mi misma adaptada a semejante situación, lo hice, me acostumbré y hasta duré siete meses... Siete meses!!! Hasta me afilié al sindicato!!!! Yo que nunca pensé estar en una misma oración junto a palabras como "afliada" y "sindicato" y sin embargo, lo hice. Yo, que pensé que iba a trabajar sólo por dos meses, para ganarme unos mangos antes de empezar la facultad, y sin embargo, heme aquí, siete meses después... Con un manojo de anécdotas, y otro descubrimiento de mi persona: el saber que adentro mío existe un ser cursi, meloso, y enamorado... Basta de confesiones, tengo hambre. Ah, me olvidaba: chau cine, te voy a extrañar!

Saturday, January 28, 2006


El ser humano en vacaciones. Análisis pseudoantropológico del comportamiento de las personas en vacaciones, realizado por la afamada Licenciada Manila Filipinas, docente titular de la cátedra “Homo sapiens estupiditis in vacacionum” de la Universidad de Mechongué, y autora del best-seller “Estrategias para tomar el 221 sin morir en el intento”.

Estimados amigos, peatones y acreedores: Tengo el agrado de dirigirme a ustedes para explicarles acerca de mi más reciente análisis sobre la conducta del hombre durante el período vacacional. Tras estudiar con detenimiento el actuar de diferentes individuos (incluyéndome a mi misma) a lo largo de numerosas jornadas estivales, he llegado a una polémica conclusión: El ser humano se estupidiza en vacaciones. Tengan en cuenta, queridos lectores, que el resultado de mi análisis no es, como diría mi madre, ningún moco de pavo (aunque literalmente, todavía no entiendo este dicho) ni constituye una frase tirada al azar. Representa el producto de un vasto estudio llevado a cabo en la metrópolis del verano argentino: la feliz ciudad de Mar del Plata. Aquellos incrédulos que osen dudar de mi experiencia, sepan que mi trabajo ha sido publicado en las más prestigiosas revistas científicas del mundo, como por ejemplo, Saber Vivir de diciembre (no se olviden de comprar su ejemplar en el kiosco más cercano). Volviendo a lo que aquí nos atañe, he decidido ser generosa y maravillarlos a ustedes compartiendo algunos datos que arroja mi análisis (no puedo transcribirlo entero, por dos motivos, el primero debido a obvias razones de espacio, ya que mi estudio consta de 508 mil páginas sin márgenes, y segundo, debido a obvias razones de finanzas, ya que si desean disfrutar de mi trabajo completo sólo tienen que llamar al 0-600-Manila te analiza (3,80 más IVA por segundo) y con gusto se lo enviaremos a sus casas). En que estaba, ah, sí, muy bien, una vez dicho esto, paso a comentarles alguna información clave que revela mi estudio.
Para empezar, es mi deber comunicarles que los seres humanos conforman una especie sumamente extraña, de comportamiento muy extraño, claro que esto ya es del dominio público. Pero lo que deben saber es que el extraño comportamiento de los seres humanos se potencia durante las vacaciones convirtiéndolo en una conducta casi ridícula. Primero, el andar, el caminar, el trasladarse de estos seres bípedos desciende en un 95 % su normal velocidad durante el veraneo. Si desean comprobarlo por ustedes mismos no tienen más que pasear por las calles del centro marplatense en cualquier momento del día. Los individuos de esta especie reducen su rapidez natural hasta obtener un paso lento que permite una excelente contemplación de las vidrieras y estatuas vivientes, y que por supuesto logra un gran fastidio en los transeúntes que no están vacacionando. Segundo, otra característica del comportamiento del ser humano durante el período estival, es la clásica aparición de pequeñas manadas compuestas de 3 a 6 individuos juveniles, tanto del género masculino como femenino, que visten de una forma similar (nótese el popular uso de bermudas y ojotas en un caso y el típico uso de minifaldas y sandalias en el otro) y que comparten un dialecto único, y poco entendible para los ejemplares más añosos de la especie. He aquí un ejemplo:
Joven Nº 1: Che, boludo, ¿que onda esta noche?
Joven Nº 2: No sé, loco. Pinta ir a tomar una birra.
Otro de los puntos destacados de mi análisis, es la falta de pudor que se expande por los diferentes estratos de la especie. Las mismas personas que en sus lugares de origen se visten apropiadamente para cada ocasión, al llegar al lugar de veraneo se desinhiben totalmente. Así, puede observarse mujeres de más edad que Mirtha Legrand paseando en bikini por las calles de la ciudad, u hombres luciendo orgullosos sus amplias panzas, sin ningún tipo de tapujo. Ni hablar de algunos especimenes jóvenes que no dudarán en usar unos mini-shorts que realzan sus largas piernas (en el caso de ellas) o unas musculosas que resaltan sus trabajados músculos (en el caso de ellos) incluso en las noches en que la cambiante temperatura marplatense no pasará de los 12 grados.
Para finalizar este reporte, les haré notar la increíble fascinación que tienen los seres humanos, durante el verano, por las colas (y no me refiero a las nalgas de las señoritas, esa fascinación, es sabido, dura todo el año). Al parecer, en el verano las filas logran un inentendible encanto en los veraneantes que no dudarán en esperar más de una hora parados para comer, ir al teatro, y demás atracciones veraniegas.Lo cierto es, como habrán podido notar a lo largo de mi informe, que las vacaciones generan un extraño comportamiento en los seres humanos. La causa de esta rareza, queridos míos, es materia de otro análisis. Pero si están ansiosos por saberlo no duden en llamar al 0-600-Manila te analiza y por la módica suma de $142 no sólo se enterarán de la razón de este fenómeno sino que obtendrán un sacacorchos de regalo.

Thursday, January 12, 2006


ENERO LLEGÓ
Llegó enero! Qué lindo! Hace calor, hay recitales en la playa, y paradores con onda para tomar algo fresquito. Qué bueno! Me voy para las playas del sur, a disfrutar del caluroso primer mes del año. Invito a algunos amigos. Buenísimo. Pepe trae a la novia, que ya había quedado en ir a la playa con la prima. “¿No hay drama, no?” “No, para nada, Pepe”. Pero sí hay drama. No es una prima, en realidad son cuatro. “Siempre vamos juntas a la playa”, dice una. Son siamesas estas chicas? Qué les pasa?. Para colmo, cada uno dobla su peso en equipaje. Vamos a la playa, chicas, no de viaje al Himalaya. Respiro hondo. Es verano, el sol pega con todo, alegría, alegría. Termino de acomodar en el baúl las 4 silletas, la heladerita portátil, la loneta de mi mamá, los 6 pomos de bronceadores, la pelota y las dos esterillas que sobrevivieron al verano pasado. Seguimos. Agarro por Colón. Pasamos la loma. Llegamos al Boulevard Marítimo. Que tráfico, que lo parió! “No pasa nada, en un rato estamos”, dice Pepe, el entusiasta. “Prendé el aire que me estoy asfixiando!”, grita una de las primas. “Qué cagada, no anda el aire!”, grito yo. “Bajen las ventanillas!”, grita Pepe. “No, que me despeino!”, grita la novia. “Bajala igual!”, grito yo. Bien, los autos avanzan. Ya nadie grita. Pasamos Playa Grande. Qué envidia me dan esos que ya están chapoteando. Base Naval. Embotellamiento! Noooo. Que calor insoportable. “Vamos a estar acá hasta mañana”, auguro. Pasa una hora. Estamos estancados en el alfar. “Dejo el auto acá, y vamos caminando”. “No, queremos ir a la top super fashion chic modern beach y queda re lejos”, dicen todas las primas al unísono. “No importa. Nos bajamos acá y vemos”. Bajamos. Ahora sí que parecemos sherpas del Himalaya. O por lo menos yo, que llevo 2 silletas, 4 bronceadores, la heladerita, la pelota, y la loneta de mamá. “Che, quién me da una mano?” “Yo no puedo, mirá todo lo que llevo”. “A mí me duele el hombro”. Qué vivos. Listo, llegamos a la playa. La arena, el calor, la arena, caliente, me quemo!!!! “Prestame tus ojotas!” “No, me voy a quemar yo!” “Pasame una aunque sea!”. “Bueno tomá”. Que alivio. Chancleteo con un pie, tipo flamenco. “Nos ponemos acá?” El mar parece estar a 3 kilómetros, pero ya no doy más. “No, acá no, allá”, pide una. Está bien. Seguimos. La gente se empieza a amontonar. No se puede distinguir dónde termina la zona de unos y comienza la de los otros. Todos apretados, parecen una gran familia. “Acá hay lugar!”, grita emocionada una prima. Sí, y que lugar: dos centímetros. Ya no me importa. “Quedémonos acá.” Al lado, un familión numeroso tiene pinta de haber venido a quedarse. Trajeron carpa, toallas, radio, salvavidas y abuela. La abuela baila al compás del último hit de los Pimpinela acompañada de un gran danés llamado Tesorito. Nos instalamos nosotros, como podemos, mientras que los 10 integrantes de las familia vecina nos miran como si fuéramos okupas. Me siento. Que bueno, la playa, el mar, el calor. “Me voy a dar una vuelta a ver que onda”. “No, nosotras nos vamos y alguien se tiene que quedar a cuidar las cosas.”, dicen las primas. “Y Pepe y la novia?”, pregunto pero ya sé la respuesta. “Se rajaron, no?”. Y sí. Y las primas también se van. Y me quedo yo, tarareando una melodía pegadiza de los Pimpi. Pasa un nene corriendo justo al lado mío y me tira 5 kilos de arena. Que lindo el nene. Que linda la playa, el mar, el calor, la arena y el verano. Llegó Enero. Que lindo.

Wednesday, November 16, 2005

La boina triste:

Ya habían pasado las 10 de la noche cuando pasé por la puerta de DeporTEA. Me resulta extraño caminar justo por delante del Institituto y no entrar (que ñoño de mi parte). Y más raro me parece pasar por ahí de noche. Pasé y en el hall estaban charlando el sr guardia y el buffetero, alias Gustavo. Allí estaban los dos conversando. Mi plan era decir buenas noches, sonreir, y seguir de largo, pero se frustró cuando Gustavo me dijo algo de una boina. Primero no entendí a qué se refería (qué boina ni qué boina? que tengo que ver yo con una boina?) hasta que explicó que alguien se había olividado una boina de corderoy marrón. (Ahhh, ya sé) Vanina, dije. Y Gustavo siguió diciendo que hace unos días que estaba la boina ahí, esperando, y que para él, la que se la había olvidado era... "esta chica, mmm, Bertone...". "Sí- dije con una risa incipiente- Vanina". Gustavo comentó que la única a la que él vió usando una boina era a Vanina. "Los chicos de la noche no usan boina", afirmó. Ahí mismo me imaginé a los entusiastas estudiantes de periodismo deportivo gritando un golazo y revoleando sus coquetas boinas cual ritual futbolero... (Y sí, Gustavo tiene razón, los de la noche no usan boina). Entonces también intervino el sr guardia, que se mostró de acuerdo con la hipótesis de Gustavo ("la boina A pertenece a la chica B ertone) y la reafirmó al recordar que Vanina ese mismo día había llevado una boina roja. "No, no era roja- salté en defensa de la boina- era multicolor". El sr guardia insistió con que le había parecido que era roja. "No, Vanina tiene una boina roja, pero justo hoy tenía una multicolor, capaz que entre los colores tenía un poco de rojo", dije y recordé la llamativa boina que tenía puesta vanina esa mañana y que ya había sido tema de conversación durante la jornada matinal. Pero ahí estaba yo, de vuelta hablando de la boina colorida que usaba Vanina y que, a todo esto y para colmo, en realidad pertenecía a Canela. Entonces, les dije a los caballeros que se quedaran tranquilos, que yo le iba a avisar a Vanina que había una boina marrón descansando en DeporTEA y que si, por casualidad, era suya (conclusión a la que llegué yo también) pasara a retirarla antes de que la boina envejeciera. (Así que, Vanina, como me olvidé de avisarte, te estarás enterando que si te olvidaste una boina marrón podés pasar a buscarla) Y así, dedico este blog a toda las boinas que esperan volver al lugar que se merecen: las cabezas de sus dueños.

Saturday, November 12, 2005

La pelota maldita:

Sábado a la mañana. Abrí los ojos y dudé. No sabía si mi mente podría convencer a mi cuerpo a que se levantara para ir al gimnasio o si mi cuerpo convencería a mi mente en seguir retozando un rato largo en la cama. Resultado: mi mente ganó, previo acuerdo con mi cuerpo de ingerir unas tostadas antes de partir hacia el gimnasio. Me vestí a las apuradas y me fuí. Esferodinamia. Esa era la clase correspondiente al horario de las 10:30. "Muy bien" - pensé - "haré esfero...cómo era? Ah sí, dinamia. Esferodinamia". Sonaba a clase tranquila para señoras tipo mi mamá, y claro, sonaba a clase redonda. "Será que las que vamos somos medio esféricas?- pensé- o será que se usan pelotas?". Cuando entré al salón me dí cuenta que la opción correcta era la segunda. Varias mujeres sostenían grandes pelotas rojas entre sus manos y las levantaban por sobre sus cabezas. Yo me acerqué a la barra donde descansaban las pelotas. Pelotas que parecían de esas que mis sobrinos se ganaron de premio consuelo un día en los jueguitos de un shopping, después de pagar 10 pesos y no pegarle a ninguna botellita. Pelotas que daban ganas de robarselas y llevarlas a la playa para pelotudear un rato. Agarré la mía y me ubiqué en mi lugar a seguir el movimiento de las demás. Pelota arriba, pelota abajo. Pelota arriba, pelota abajo. "Que pelotudez! -pensé, yo, la guacha pistola del gimnasio que va de lunes a viernes a hacer aerobics para transpirar la camiseta a ritmo acelerado con mancuernas de hasta 2 kilos!!!- Qué pichis! Estas pelotas no sirven para nada!" Y ahí mismo aprendí una lección. Ahí, en el gimnasio, donde uno no espera aprender lecciones si no adelgazar un par de kilos o al menos endurecer algunas partes blandas. Pero ahí aprendí a no subestimar el poder de las pelotas. Me destrozaron. Tuve que hacer abdominales, y glúteos, y biceps, y pectorales, todos los ejercicios acompañados de una pelota grande y roja que yo creía simplona y resultó sumamente eficiente. La pelota me agotó. Logró ser más efectiva que las mancuernitas, las tobilleras y las banditas. Por eso aconsejo nunca descreer del poder que tienen las pelotas. Ya lo dijo una vez el sabio payasito del juego Circus (ver: Family o Mame) que luego de vencer obstáculos como aros de fuego sobre un león, o monitos saltarines en la soga, afirmó a la audiencia: "Siempre tengan en cuenta a las pelotas, que si le errás a una, te hacés pelota".

Tuesday, November 08, 2005

Curiosidades de la calle Alberti (trayecto: lo-de-Vani/doblo-en-Yrigoyen-para-DeporTEA):

1) Que hay osos de peluches, no lo dudo. Los que había en mi época eran bastante feos comparados con lo que hay ahora. Parecen los tatarabuelos de los de ahora, estos que son tan suavecitos mientras que los viejitos son medio ásperos. Cuando era chica yo tenía varios muñecos de peluche (bah, del peluche de esos años), entre los que se encontraban numerosos osos (me acuerdo que uno era un osito cariñosito, el que siempre estaba medio triste y era negativo, bueno, ese era el que me gustabaa mí, nunca el normalito, siempre un poco freak), un par de conejos, un perro, y no mucha más variedad que esa. Pero ahora es diferente. Cualquier bicho que se te ocurra tiene su equivalente en peluche. Hay chanchos (que me encantan, se aceptan regalos!), jirafas, patos, vacas, monos, caballos, pollos y hasta cocodrilos!!! Pero en un local, de la bendita calle Alberti existe también un peluche diferente. Una especie rara, digna de ser analizada por National Geographic: el peluche hamburguesa! Sí, así es, damas y caballeros, una hamburguesa convertida en peluche. Una hamburguesa rodeada de pan, lechuga y hasta tomate. Pero claro, con ojos, y sonrisa. Muy loco, el peluche hamburguesa. Muy loco.
2)Allí está ella. Espeluznante. Se asoma en una vidriera de un local de cotillón, disfraces y demás artículos para hacer y ser el alma de las fiestas. Es una maniquí que luce un atuendo de india. Con vestidito estilo arpillera y cabellera espesa y negra que le cubre gran parte de la cara. Pero yo sé quien se esconde detrás de esa inocente maniquí de pequeña indiecita. Es la mismisima Samara de la película La Llamada!!!!!!!!!!! Sí, no sólo se le aparece a Naomi Watts sino que también se aparece en la Calle Alberti!!! Cuidado, todos aquellos que osen pasar por frente de ella y sean tan corajudos de animarse a mirarla. Yo les aconsejo que si les suena el celular, no atiendan.

Wednesday, October 19, 2005


A veces siento olores que me recuerdan a lugares. No son olores comunes, no son del tipo olor a basurero, a chiquero, a baño, o a matadero. Ni tampoco de los lindos, del estilo olor a florería, a perfumería, o a peleterías (para aquellos extraños, como yo, a los que les guste el olor del cuero). Son olores indefinidos, pero que a mí me recuerdan a algún lugar en particular. Me ha pasado de sentir olor al primer departamento de mi hermano. O de sentir olor a la inmobiliaria que nos alquilaba una casa en la que vivimos unos años cuando yo era chiquita. Y cuando vivía en Moreno solía sentir, cuando pasaba por algunas cuadras, olor a Mar del Plata. Creo que era una especie de mezcla entre playa, panadería y peluquería. Realmente se me hace muy difícil precisarlo. Especialmente desde que volví a vivir acá, donde todo el aire tiene olor a Mar del Plata, entonces pasa desapercibido.
El olor a playa creo que es más común. Y se confunde con el olor a verano. O por lo menos yo los confundo. Y este olor también me hace acordar a Kramer (aunque en realidad nunca tuve oportunidad de olerlo), a quien se le ocurrió la gran/disparatada idea de crear un perfume con aroma a playa.